Entrar
¿Desea una cuenta? Regístrese
 
Reportajes
“Un oficio muy especial… muy divertido” E-Mail
escrito por Aurea Salinas   
miércoles, 20 de agosto de 2008

central_de_abasto_40.jpg

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-¡Así sí le cargan verdá! Nomás pa salir bien en la foto…

-Chíaaa… qué pasó… -dijo Juan sin dejar de asomar una sonrisa penosa y sin dejar, claro está, de cargar las cajas de pepinos que venían en la camioneta.

Desde hace medio año Juan se encuentra en el programa La Casa Transitoria de El Caracol AC, una organización dedicada a contribuir a la visibilidad e inclusión social de la gente que vive en la calle y de la que corre el riesgo de estarlo.  El Programa de La Casa Transitoria es un espacio reflexivo  que ofrece a estas poblaciones un albergue temporal y acompañamiento educativo profesional,  con el fin de formar  hábitos, valores y capacitación en los jóvenes, además de brindarles el tratamiento adecuado en caso de tener una adicción. Lo que les permitirá adquirir habilidades para comenzar una vida independiente, que se caracterice por tener un empleo fijo, sin consumir sustancias y vivir fuera de las calles*.

*

Su complexión gruesa y piel morena se conjugan con el tono “mocho” de sus palabras para darle una singular presencia dentro del equipo.

Catorce son los días que pasan para que Juan, junto con los chavos de La Casa puedan ir a cumplir con una jornada de ocho horas a La Central de Abasto, días, que según Juan, son muy esperados todos. “Nos llama la atención ir a apoyar y traer el alimento y los latios para todos  los compañeros”.

Según los educadores esta ansiada espera es porque representa para ellos un espacio de convivencia  con otras personas externas a  El Caracol. “Ubicamos campos reales de acción  donde los chavos pueden descubrir y potenciar sus habilidades, además de que este espacio les sirve para socializar” dijo Nadia Balderas educadora del programa La Casa Transitoria.

“El trabajo de la central de abastos es una diversión"

pedro.jpg

 

 

 

 

 

 

 

 “¡Viene, viene!”, “¡épa!”, “¡uuu!”, eran las expresiones que dejaban ver el cansancio, pero al mismo tiempo, la disposición, dinamismo y gusto por la  chamba. Pedro parecía quebrarse, a pesar de ello en ningún momento se “abrió” como ellos dicen. Las cajas de doce kilos  las cargaba  con dificultad  y aunque lo negaba,  las líneas de expresión formaban pliegues de piel en su rostro que dejaban asomar sus  dientes y ocultar sus ojos. “Chale carnal, ya me cansé” fue la frase que lo confirmó.

lalo.jpg
Después de subir en el montacargas las más de 20 cajas de verduras, Lalo, con la paciencia y actitud del clásico personaje mal encarado, grandulón y fornido, jaló  la carga y la metió en el Banco de Alimentos. Evitaba a toda costa salir en las fotos, pero a pesar de ello la cámara logró hacer  tomas que desmienten esa primera impresión: unos cuantos bizcos y unas lenguas salidas lo retrataron distinto.

 

“Ensuciarse las manos para poder educar”

“El acuerdo que tenemos con el Banco de Alimentos es que para ser beneficiarios de su proyecto, los chavos tienen que cumplir una jornada de 8 horas de trabajo en un día,  que es el momento en el que vamos por nuestro abasto” declaró Jorge Curiel educador de El Caracol. Sin embargo, esta actividad también tiene un propósito educativo que aprovechan para fomentar la cultura del esfuerzo y el trabajo en equipo.

De  poco valdría si actividades como esta se hicieran de manera direccional. Por ello, el educador en turno, tiene que acompañar esta actividad realizando las mismas labores que los educandos. Para el coordinador de El Caracol,  Luis Enrique Hernández, estas actividades perderían su propósito educativo si no fuera de esta manera, pues hay que “ensuciarse las manos para poder educar”.uriel.jpg

“Si hay que descargar un camión el educador tiene que descargar junto con ellos el camión porque  con ello se fomenta el trabajo en equipo,  además para que no tengan motivo de decir ‘ah es que tú solamente lo dices y no lo haces’ ” apuntó Jorge Curiel.

Al respecto Juan  expresó “me parece muy bien que a pesar de que ellos son educadores, lo toman por la parte igual, ¿no?”.

En particular, aseguran los educadores de La Casa Transitoria, que “esta generación de  chavos tienen un sentido del trabajo muy arraigado incluso son propositivos no hay que estarles insistiendo. Ellos se dan cuenta de las necesidades  y actúan” apuntó Nadia.

Sin reticencias para participar cargaban y  organizaban el abasto  que recogieron. El paso de las 8 horas se veía en sus rostros mojados de sudor. El empeño puesto en esta jornada permitió ver que  los chavos aprovecharon sus habilidades al máximo. Juan, como organizador y cargador  más veloz. Pedro, simpático, trabajador. Uriel, siempre abriendo esos ojos rasgados y ayudando en la labor y Lalo, callado pero siempre colaborando.

 “Ellos  te ponen el ejemplo” declaran los educadores; y es que "el 80 % de los chavos que tenemos en La Casa es de perfil callejero y se particulariza por apoyarse,  trabajar y como ellos dicen “no abrirse” añade Nadia Balderas.

Ha pasado una semana y Juan espera el jueves para ir a la Central. “Pus para mí  es un oficio muy especial, muy divertido” dijo sonriendo  y con  el chiveo natural de quien se siente observado. “Además estar conviviendo con los compañeros de otras casas hogares o anexos. He hecho muchos amigos, la mayoría nos ayudamos entre nosotros mismos”, por un momento Juan calló y con un bailecito que tiene como tic nervioso concluyó: “Ta chido”.
 
EspañolEnglish