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Un retrato de la vida en El Caracol E-Mail
escrito por Carlos Andujar y Eduardo Robles   
lunes, 31 de marzo de 2008
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Foto: El Caracol

 

 

 

 

 

 

 

 

  Empezamos con las máscaras de yeso.

En las dos casas contiguas donde se desarrollan las actividades, se refleja el espíritu de esa variedad que se convierte en evolución y espejo. Los educadores los alientan y  estimulan a los chavos en el trato diario, derribando las barreras de los convencionalismos que desde fuera también a los chavos les determinan como el:"pobres niños de la calle", "di no a las drogas" y otros.

La genialidad de esta comunidad es su igualdad y su flexibilidad, es una nave excelentemente comandada por el capitán Quique, que impone firmeza y dirección, pero sobre todo inspira cordialidad y flexibilidad en el trato y en las posibilidades.

Es una organización marcadamente joven, con todo el universo de variables que caracterizan a la fuerza de esa etapa, que se convierte en eterna a poco que la "elección" no se convierte en una condena sino en un juego.

La casa de seguridad es un caserón de dos plantas y una bonita escalera; en ella los chavos duermen tirados por las esquinas, unidos siempre, aun para una bullita o un cortejo; también se levantan, platican, juegan a juegos de mesa sencillos, que consiguen centrar su dispersa atención por un ratito.

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Foto: El Caracol
 
     El nivel de degradación por tóxicos es muy evidente. En la casa, los educadores no dan comida, ni ofrecen nada, pero si algo especial y que aun no encontró ningún tipo de medida, cariño y comprensión, y un espacio seguro donde dormir sin peligros.
 
    Cuando llegan a la casa (Centro de día), los chavos entregan su bolsito en el que llevan sus sustancias, éstas quedan guardadas bajo llave en una taquilla, y les será devuelta cuando se vayan.

    De esta manera, la asociación El Caracol sigue una estrategia que me parece acertada; pues primero: los chavos dejarían de ir si les quitaran las sustancias; segundo: es una prueba de confianza y comprensión; y tercero: denota y define un sistema pedagógico sin prisas, es decir, con continuidad.

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