Foto: El Caracol\ Jorge Curiel
Después de unos meses de intenso trabajo, llegaron las
merecidas vacaciones para los chavos de la Casa Transitoria.
El destino, la playa; la consigna, divertirnos...
Las vacaciones de la Casa Transitoria,
tienen por objeto que los chavos que la habitan vean compensado el esfuerzo que
realizan durante su estancia en El Caracol, siempre con un sentido educativo y
por supuesto divertido, haciendo manifiesto que hay formas saludables de pasar
momentos agradables.
Llego entonces el día tan ansiado desde hace unas
semanas, luego de una meticulosa planeación, todo estaba listo para partir
rumbo a las playas de Puerto Escondido, en el estado de Oaxaca.
El viaje fue agotador para todos pues estuvimos cerca de
14 horas en la carretera, así que al llegar al lugar donde nos hospedaríamos
dispusimos sólo lo necesario para descansar, para ello tuvimos que organizarnos
rápidamente y trabajar en equipo para armar las casas de campaña.
Durante nuestra estancia el grupo se mantuvo unido casi
todo el tiempo, no hubo grandes conflictos sino pequeños roces, lo que nos
ayudo a mantener el buen clima fue la organización que logramos en el
campamento, pues procuramos tener todo lo que usábamos en orden así pues la
comida se encontraba toda en un lugar junto con los trastos y en otro la basura
reunida en una gran bolsa, sólo con la ropa nos costó un poco de trabajo pues
estaba casi siempre regada por todo lo ancho de los asientos de la camioneta en
que viajamos, lo gratificante es que los chavos mostraron su progreso ubicando
perfectamente los espacios y respetando la propiedad ajena, es decir, se
comportaron a la altura y creo que a Pedro, nuestro anfitrión, le agradó
nuestro ambiente; incluso nos ofreció una noche más de hospedaje gratis,
amablemente rechazamos su invitación pues debíamos volver a la ciudad en el
tiempo acordado, pero considero que cumplimos con el objetivo de mantener las
puertas abiertas para una próxima generación de chavos.
Foto: El Caracol \ Jorge Curiel
Y bueno, pues que decir de la vida en el mar; nos
deleitamos y nos dimos gran vida disfrutando de caminatas por la playa,
deliciosa comida y una que otra golosina y claro no pudo faltar el agua de
coco.
Recuerdo que en una de esas caminatas que más bien fue
una expedición en la que los chavos recolectaron caracoles, nos encontrábamos
de regreso al campamento y nos compramos un coco para aminorar la sed, como no
nos sirvió de mucho al poco rato nos deleitamos con un raspado (mmmm!) al
llegar al campamento URIEL notó que todos los caracoles que había recolectado
ya no venían con él y es que nuestro educando venía tan entretenido o mejor
dicho tan distraído con el raspado que no se dio cuenta en que momento aflojó
el envoltorio que traía en su playera; entonces
en la constante búsqueda del momento educativo, reflexionamos brevemente
respecto a lo disperso que suele ser y que de no cambiar le puede traer serios
problemas (ejemplos, sobran).
Foto: El Caracol \ Jorge Curiel
Hubo un día en el que nos dimos cuenta que ya no podemos
pasar mucho tiempo sin actividad y es que los hábitos saludables se están
arraigando en los chavos de forma tal que nos pusimos a hacer aseo del espacio
que ocupábamos y lavamos nuestras ropas.
Ese mismo día planeábamos ir a pasear en la camioneta,
pero tuvimos que hacerlo a pie ya que se quedó sin batería, sin embargo lo
tomamos como un reto y luego de desmontar el acumulador, nos fuimos al centro a
buscar un servicio eléctrico que la acondicionara, el regreso fue arduo pues
para ahorrar unos pesos decidimos caminar al estilo carrera de relevos, lo que
implica por turnos cada quien llevar la batería. Ya lista la camioneta nos
fuimos a dar una vuelta para probarla
El día previo a nuestra partida de vuelta a la ciudad,
Pedro (nuestro anfitrión) nos invitó a su mesa para compartir con su familia un
delicioso caldo de pescado y camarón que al parecer todos disfrutamos pues
aceptamos de buena gana una segunda porción mientras charlábamos
Pero teníamos algo que hacer que nos impidió continuar
con Pedro y su familia. Teníamos que ir a cerrar con el periodo vacacional con
una buena zambullida en el mar, en la que reímos y gozamos con las olas; para
luego ir a descansar y prepararnos para el viaje de vuelta a casa.
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