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Ahh!, en el mar la vida es más sabrosa. E-mail
Written by Jorge Curiel López   
martes, 29 enero 2008
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Foto: El Caracol\ Jorge Curiel

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de unos meses de intenso trabajo, llegaron las merecidas vacaciones para los chavos de la Casa Transitoria. El destino, la playa; la consigna, divertirnos...

Las vacaciones de la Casa Transitoria, tienen por objeto que los chavos que la habitan vean compensado el esfuerzo que realizan durante su estancia en El Caracol, siempre con un sentido educativo y por supuesto divertido, haciendo manifiesto que hay formas saludables de pasar momentos agradables.

Llego entonces el día tan ansiado desde hace unas semanas, luego de una meticulosa planeación, todo estaba listo para partir rumbo a las playas de Puerto Escondido, en el estado de Oaxaca.


El viaje fue agotador para todos pues estuvimos cerca de 14 horas en la carretera, así que al llegar al lugar donde nos hospedaríamos dispusimos sólo lo necesario para descansar, para ello tuvimos que organizarnos rápidamente y trabajar en equipo para armar las casas de campaña.

Durante nuestra estancia el grupo se mantuvo unido casi todo el tiempo, no hubo grandes conflictos sino pequeños roces, lo que nos ayudo a mantener el buen clima fue la organización que logramos en el campamento, pues procuramos tener todo lo que usábamos en orden así pues la comida se encontraba toda en un lugar junto con los trastos y en otro la basura reunida en una gran bolsa, sólo con la ropa nos costó un poco de trabajo pues estaba casi siempre regada por todo lo ancho de los asientos de la camioneta en que viajamos, lo gratificante es que los chavos mostraron su progreso ubicando perfectamente los espacios y respetando la propiedad ajena, es decir, se comportaron a la altura y creo que a Pedro, nuestro anfitrión, le agradó nuestro ambiente; incluso nos ofreció una noche más de hospedaje gratis, amablemente rechazamos su invitación pues debíamos volver a la ciudad en el tiempo acordado, pero considero que cumplimos con el objetivo de mantener las puertas abiertas para una próxima generación de chavos.

 

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Foto: El Caracol \ Jorge Curiel

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Y bueno, pues que decir de la vida en el mar; nos deleitamos y nos dimos gran vida disfrutando de caminatas por la playa, deliciosa comida y una que otra golosina y claro no pudo faltar el agua de coco.

Recuerdo que en una de esas caminatas que más bien fue una expedición en la que los chavos recolectaron caracoles, nos encontrábamos de regreso al campamento y nos compramos un coco para aminorar la sed, como no nos sirvió de mucho al poco rato nos deleitamos con un raspado (mmmm!) al llegar al campamento URIEL notó que todos los caracoles que había recolectado ya no venían con él y es que nuestro educando venía tan entretenido o mejor dicho tan distraído con el raspado que no se dio cuenta en que momento aflojó el envoltorio que traía en su playera; entonces  en la constante búsqueda del momento educativo, reflexionamos brevemente respecto a lo disperso que suele ser y que de no cambiar le puede traer serios problemas (ejemplos, sobran).

 

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Foto: El Caracol \ Jorge Curiel
Hubo un día en el que nos dimos cuenta que ya no podemos pasar mucho tiempo sin actividad y es que los hábitos saludables se están arraigando en los chavos de forma tal que nos pusimos a hacer aseo del espacio que ocupábamos y lavamos nuestras ropas.

 

Ese mismo día planeábamos ir a pasear en la camioneta, pero tuvimos que hacerlo a pie ya que se quedó sin batería, sin embargo lo tomamos como un reto y luego de desmontar el acumulador, nos fuimos al centro a buscar un servicio eléctrico que la acondicionara, el regreso fue arduo pues para ahorrar unos pesos decidimos caminar al estilo carrera de relevos, lo que implica por turnos cada quien llevar la batería. Ya lista la camioneta nos fuimos a dar una vuelta para probarla

El día previo a nuestra partida de vuelta a la ciudad, Pedro (nuestro anfitrión) nos invitó a su mesa para compartir con su familia un delicioso caldo de pescado y camarón que al parecer todos disfrutamos pues aceptamos de buena gana una segunda porción mientras charlábamos

Pero teníamos algo que hacer que nos impidió continuar con Pedro y su familia. Teníamos que ir a cerrar con el periodo vacacional con una buena zambullida en el mar, en la que reímos y gozamos con las olas; para luego ir a descansar y prepararnos para el viaje de vuelta a casa.

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